Cuba Ala Décima

Sitio del Grupo Ala Décima para los amigos del mundo interesados por la poesía escrita en estrofas de diez versos en español. Director: Pedro Péglez González. Subdirectores: Modesto Caballero Ramos y Karel Leyva Ferrer. Corresponsales: Miembros y colaboradores del Grupo Ala Décima. Asistencia técnica: Belkis Amión. (Visualización más aceptable por el navegador Mozilla Firefox)

lunes, septiembre 28, 2009

Mileyda Menéndez
y su extraño privilegio

Sus días de cumpleaños los espera rodeada de toda la gente de su barrio, allá por “el ultramarino pueblo de Regla”, como se le conoce a este municipio de la capital del país. Aunque también puede suceder que ese día se encuentre de visita en cualquier otro lugar de Cuba: igual lo pasa rodeada de la población. Y es que la poetisa y periodista Mileyda Menéndez Dávila nació el 28 de septiembre de 1968, y los barrios cubanos estaban de fiesta desde la noche anterior, no en espera de su nacimiento, sino en los tradicionales festejos populares del recibimiento de un nuevo aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, creados en 1960. De modo que tiene el extraño privilegio de que, en sus cumpleaños, no tiene que preocuparse por los dulces y los refrescos.

Mileyda es integrante del colectivo del periódico Juventud Rebelde, donde atiende la sección Sexo sentido y el movimiento de tecleros, seguidores de la columna Tecla del duende. Es además colaboradora del Grupo Ala Décima, y en nuestro sitio se han publicado varios poemas de su autoría, como Soliloquio interior contra la sed (Premio Luisa Pérez de Zambrana 2006), Sólo una isla, Golem y Glosas de espejo y réplica. A continuación ofrecemos dos décimas suyas, que fueron escritas como parte de un intercambio vía email con un joven poeta de Santiago de Cuba:


Bajo el crepúsculo gris
la ciudad desaparece.

Es certidumbre que crece
y destella cual matiz
de una asonancia. Es el bis
de una canción que a retazos
entona el alma, zarpazos
de urbanístico desaire

que enturbia el reposo, el aire,
la paz, la duda, el ocaso.

En las manos del espejo
depongo el pan, la alegría,
la rabia del primer día
y el aura de mi reflejo.
Miro el camino perplejo
donde el eco de los coches

alarman con sus reproches
el empedrado dormido.
La ciudad muere. Se ha ido.
Sólo quedan sus fantoches.


Puede comunicarse con la autora mediante la dirección email mileyda@juventudrebelde.cu

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