Cuba Ala Décima

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domingo, agosto 30, 2009

VII Bienal Identidad

Para un modo
de acercar(se) a Ada

Por Pedro Péglez González
Ampliado de Trabajadores

La virtud originaria de las Bienales Identidad de homenaje a Ada Elba Pérez es bien sencilla: el tributo que ellas ofrecen nunca ha estado tanto en la revaloración de su obra —además de interesante y hermosa, sorprendente, dado su breve paso por la existencia física— como en el interés de dar continuidad al espíritu de entrega infinita y a la conceptualidad estética que animaron sus muchos empeños creativos.

Incluso a la hora de abordar específicamente su legado, su inusual abanico dominador de diversos campos expresivos, si bien fascinante, no ha sido el principal motivo de exaltación.

Más lo han sido, por más medulares, su búsqueda de un equilibrio creativo entre lo culto y lo popular, su convencimiento de las utilidades de la interdisciplinariedad, su preocupación por la responsabilidad del creador en su relación con el tiempo, sus afanes por el rescate y la preservación de las mejores herencias de nuestra cultura, tanto la de Cuba como la de Nuestra América toda —lo cual incluye la veneración, para nada paralizante, de los más valiosos exponentes de esas culturas—, y su certidumbre de lo insoslayable de una inserción del creador en la urdimbre compleja, polícroma y polífona, del gran público, en una relación biunívoca, de recíproca ganancia.

De que esta intencionalidad rige las Bienales Identidad dan fe, tanto la secuencia histórica de sus seis anteriores ediciones como las previsiones para la próxima —13 al 20 de septiembre en Ciudad de La Habana y su natal Jarahueca, en Sancti Spíritus— y ello puede corroborar, en el amplio texto de su convocatoria, cualquier lector interesado.

Pero si se me pide un ejemplo gráfico, vivencial, bien desalmidonado, para no tener que acudir al documento, basta imaginar a todo un conjunto de escritores y artistas actuando para los distintos públicos que asisten a sus encuentros, por cierto sin percibir remuneración económica alguna. O vale imaginar, en el caso de la apartada localidad de Jarahueca, a los pobladores alojando en sus casas a los creadores invitados, estableciendo con ellos una relación familiar de edición en edición de la Bienal, y asistiendo con ellos, como parientes acompañantes, a sus intercambios con colectivos laborales y estudiantiles, o a sus presentaciones en espectáculos abiertos a toda la población que vio a Ada Elba nacer, crecer y empinarse.

Y al hacerlo, líbrenos su memoria de todo hieratismo, que un duende travieso como ella jamás perdonaría. En un toque que nos recuerda lo real maravilloso que Carpentier aseguró inseparable del corpus cultural latinoamericano, Teresita Fernández dice que Ada es mariposa que revolotea, múltiple, cuando se le recuerda, y que por eso abundan sospechosamente durante estos septiembres de Bienal por Jarahueca. A lo mejor aquellos mínimos arcoíris con alas son quienes obran esas travesuras pequeñitas que por allá suceden, como la de que a este redactor le tocara, por puros azares organizativos, alojarse en el hogar del matrimonio de Pedro y Julia, sorprendidos más tarde al comprobar que el verdadero nombre de su huésped era Pedro Julio.

Se trata, en fin, sencillamente, de que es esta la única forma valedera de hacerla retornar: seguir la huella de sus desvelos de precoz, mágica, irreverente y fervorosa creadora. Se trata del único modo eficaz de acercar(nos) a Ada Elba Pérez.


Imagen arriba a la izquierda: Ada en el Popocatepetl, en ocasión de su visita, invitada por artistas y escritores mexicanos, para un homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz.


ADA ME HABLABA AYER

de algún derroche
Casi todo y lo otro iba consigo
Cargaba con su viaje hacia el postigo
que suele ser espejo
Puso un broche

como si fuera luz
Todo y la noche
lo coloreó Ada Elba con su huella
Después se fue
No sé si alguna estrella
la mirará jugando a ser la lluvia
jugando a ser pincel pátina gubia
Pero la noche no
La noche es ella


(Del poemario La noche es ella, Ediciones como un ave libre, 2001). Foto inferior: Wildy.

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2 Comentarios:

  • A la/s 1:58 p.m., Blogger ERNESTO R. DEL VALLE dijo...

    Ada Elba Pérez se calificaba a sí misma, con esa sencillez propia de la gente de campo. De allí, de Jarahueca, un pueblito humilde de Yaguajai en el centro de la Isla mayor del Caribe, nos vino esta mujer a sembrar un arcoíris en el corazón de su pueblo.
    Buscar en Globedia:
    http://globedia.com/ada-elba-perez-1961-alas-verdad

     
  • A la/s 5:37 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

    Buenas noches. En primer lugar, les agradezco la información que brindan sobre Ada Elba. Sinceramente, les escribo solicitando ayuda. Tengo 23 años, me acabo de licenciar de Filología (Letras) en la UCLV y vivo en Santa Clara; no obstante, he buscado por las librerías nacionales y las bibliotecas los poemarios de Ada Elba, incluso he navegado por internet, pero solo he podido acceder a algunos de sus poemas más conocidos, como "Identidad" o "Sobre el olvido". Por ello, les agradecería muchísimo si me brindaran información sobre cómo obtener sus antologías poéticas, en especial tres: "Fin del pájaro sur", "La cara en el cristal" y "Cuatro muchachas violadas por los ángeles". Mi correo es el siguiente: mgil3@nauta.cu
    Atentamente y con cariño, Mariana.

     

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