Cuba Ala Décima

Sitio del Grupo Ala Décima para los amigos del mundo interesados por la poesía escrita en estrofas de diez versos en español. Director: Pedro Péglez González. Subdirectores: Modesto Caballero Ramos y Karel Leyva Ferrer. Corresponsales: Miembros y colaboradores del Grupo Ala Décima. Asistencia técnica: Belkis Amión. (Visualización más aceptable por el navegador Mozilla Firefox)

domingo, abril 12, 2009

De María Eugenia Caseiro,
dos simpáticas
e ingen
iosas décimas

Desde Miami, EEUU, donde reside hace mucho, nos envía, entre otras, estas dos deliciosas décimas. Nos las hace llegar con la humilde aclaración de que son estrofas de los años 70, y al parecer nuestro conservan su frescura y simpatía original. La poetisa e investigadora María Eugenia Caseiro nació en La Habana. Actualmente integra la Muestra de Poesía siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía. Es Cónsul en Miami de la Organización Poetas del Mundo y miembro del Foro de discusión IFLAC PAVIMENTA la PAZ, Forum Internacional para una Literatura y una Cultura por la Paz.

María Eugenia es miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, una de las 22 academias correspondientes de la Real Academia Española de la Lengua.

Obtuvo por tres años consecutivos el premio "Famous Poem". Su obra está recogida en la Antología Nueva Poesía Hispanoamericana 2004, 2005 y 2006, y en la Antología “Paseo en Verso” México 2005. Entre otros galardones, mereció el Premio Publicación La Porte des Poetes 2005, París, Francia. Sus poemas han sido traducidos a diferentes idiomas, incluyendo lenguas como el euskera, el japonés y el árabe. Muestras de su quehacer poético pueden verse, mediante estos enlaces, en su sitio web personal y en los sitios Álbum nocturno y Arte poética. Rostros y versos, del poeta salvadoreño André Cruchaga.

A continuación, las dos simpáticas estrofas de María Eugenia:


BORRACHERA


Desde que cayó la tarde
sobre mi casa en el campo
quedó en el aire un escampo
de ventolera cobarde.

La sombra en su fiel aguarde
del farol se hacía dueña
y yo me sentí pequeña
cuando un fantasma viviente
apagó el farol ardiente

y comenzó a hablar por seña.

Las imágenes de un cuadro
a merced de sus antojos
bailaban ante mis ojos
paseándose por el cuarto
peleándose en el reparto
para sentarse a la mesa
y embriagarse con cerveza.
Después del emborrachado

yo misma los he encerrado
de nuevo en su antigua pieza.

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