Cuba Ala Décima

Sitio del Grupo Ala Décima para los amigos del mundo interesados por la poesía escrita en estrofas de diez versos en español. Director: Pedro Péglez González. Subdirectores: Modesto Caballero Ramos y Karel Leyva Ferrer. Corresponsales: Miembros y colaboradores del Grupo Ala Décima. Asistencia técnica: Belkis Amión. (Visualización más aceptable por el navegador Mozilla Firefox)

viernes, mayo 11, 2007



Arístides Valdés Guillermo:
Meditaciones del náufrago

Con el poemario Meditaciones del náufrago, Arístides Valdés Guillermo (Corralillo, Villa Clara, 1960) ganó el premio de décima del concurso Fundación de la Ciudad de Santa Clara en el 2006, y el libro verá la luz por la Editorial Capiro en julio de este año.

Médico en el policlínico de su pueblo, recién regresado de una misión médica en Venezuela, poeta ya conocido y reconocido en la décima cubana del momento, Arístides había publicado los poemarios Las puertas de cristal (1992), El príncipe de bruces (1997) y Esbozos con figura de muchacha (1999), y había sido incluido en varias antologías. Entre los reconocimientos antes recibidos por su obra poética, estaba la mención obtenida en el 2002 en el Premio Iberoamericano Cucalambé y el Premio Ala Décima 2003.

Como adelanto de Meditaciones del náufrago, ofrecemos uno de sus poemas.


LOS LABERINTOS CIRCULARES


Uno, sabiéndose dueño
de un animal que padece,
airoso desaparece
detrás del último sueño.
Mas lastimado su empeño
por esa inicial que nombra
cuando, lúcido, se asombra
de sus pasos casi extintos,
desciende a los laberintos
circulares de la sombra.

¿Quién presume la esperanza
que, salmodiando reflejos,
suele insinuarse a lo lejos
con su enigma?
Sin bonanza,
uno, que apenas alcanza
para gritar tanta pena,
mansamente se condena,
como el sol, al ostracismo,
aunque abra inmenso el abismo
su estridor bajo la arena.

Esta luz casi enemiga,
casi dolor, casi lumbre,
torna en ardua pesadumbre
la ingravidez de una espiga.
Y uno, dando a la fatiga
el pecho a las penas hecho,
sabe que, horadado el pecho
sin que la luz se le asombre,
pasará con otro nombre
junto a su grito deshecho.

Una voz, un amasijo
de frases, de iridiscencia,
gasta en poses y elocuencia
lo que otro tiempo maldijo.
La penumbra –su acertijo–
llora, se alimenta, crece.
Y en la noche que amanece
corre detrás de otro sueño
uno, sabiéndose dueño
de un animal que padece.

 
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